Un bebé con espina bífida podrá andar tras ser operado en el útero
El hospital adhiere por primera vez un parche sintético a la pequeña, intervenido a las 24 semanas de gestación, para evitar las secuelas de esta enfermedad.- "Ganamos la batalla", celebran los padres
FERRAN BALSELLS - Barcelona - 02/11/2011 - El País
Adormecida aunque sonriente y apenas sorprendida por los
fotógrafos, la pequeña Esther podía haber sufrido parálisis en las
extremidades y graves daños neurológicos por culpa de la espina bífida.
Un parche sintético lo ha evitado: incrustado en la espalda de la
pequeña cuando aún era un feto de 24 semanas, sigue en el cuerpo del
bebé cuando ya ha cumplido cuatro meses sin problemas de movilidad.
Esther pasó la mañana de ayer agitando brazos y piernas. "Y podrá
andar", destacó el equipo médico del hospital Vall d'Hebron de Barcelona
en la presentación de los resultados de la intervención, la primera de
este tipo realizada en España. "Seguimos nerviosos pero de momento
ganamos la batalla de la vida", celebraron los padres tras meses de
incertidumbre, dudas y miedo.
Esther ilustra el salto adelante dado por la medicina española para
minimizar las malformaciones derivadas de la espina bífida, deformación
genética que afecta a uno de cada 1.000 bebés nacidos en España. La
pequeña, que sigue sin presentar secuelas tras cumplir los cuatro meses,
fue operada en el vientre de su madre tras serle detectada esta
deformación. La intervención permite a Esther soñar con un futuro. "El
nivel neurológico del bebé sigue suendo bueno. Confiamos en que podrá
andar y llevar una vida independiente, con poca o ninguna secuela
neurológica ni de movilidad", destacó el equipo médico en la rueda de
prensa para presentar el éxito de la operación.
La nueva técnica,
ya aplicada dos veces por el mismo equipo médico en Italia pero ahora
completada con éxito por primera vez en un hospital español, consiste en
aislar la médula espinal del feto afectando lo menos posible el proceso
de formación. Para ello, los médicos han desarrollado una especie de
parche compuesto de colágeno y elastina que adhieren al feto sin
practicarle ninguna incisión ni ligadura: se fija con un adhesivo y
permite que el bebé prosiga su gestación sin exponer su sistema neuronal
y nervioso a posibles deterioros.
La espina bífida se desencadena
cuando una deformación en el feto impide cerrar por completo la columna
vertebral, la médula espinal y los nervios. Estos quedan desprotegidos
ante posibles golpes y sobre todo expuestos al líquido amniótico,
especialmente tóxico para los órganos al final del embarazo. El líquido
que baña el sistema nervioso también se va escapando a través del feto y
altera las presiones internas del cerebro impidiendo que se desarrolle
correctamente. Una vez nacidos, los bebés pueden padecer problemas
severos de aprendizaje y respiratorios, entre otros. Estas secuelas
pueden minimizarse a través de un simple parche sintético de tres por
dos centímetros. "Aplicado a tiempo resulta vital", destacó el doctor
César García, responsable de investigación de espina bífida del Vall
d'Hebron.
Hasta ahora, las intervenciones tapaban la médula
espinal aprovechando la piel o la musculatura del feto para coserla y
aislarla del líquido amniótico. Se trata de una práctica que también se
practica sobre el feto y que ya ha realizado más de una veintena de
veces el hospital Virgen del Rocío de Sevilla.
El procedimiento, sin
embargo, resulta más complejo, largo y agresivo para el feto, además de
aumentar el riesgo de aborto o de parto prematuro. También provoca una
cicatriz para siempre en el cuerpo del bebé. El parche desarrollado
ahora también permanece siempre en el cuerpo pero el organismo acaba
colonizándolo con células propias y lo convierte en piel al cabo de unos
dos meses. "Es piel del propio cuerpo", destacó García. "Al cabo de dos
meses ya no queda ni rastro del parche. Es imperceptible".
La
nueva técnica abre posibilidades para los bebés que padecen esta
dolencia. "Es un gran paso que da esperanzas a los padres para que
tengan a sus hijos", subrayó la coordinadora de la unidad de espina
bífida del Vall d'Hebron, Ampar Cuixart.
Actualmente, nueve de cada diez
parejas que aguardan un bebé al que se le detecta este tipo de lesión
opta por abortar e interrumpir la gestación. "Es lógico por las graves
secuelas que provoca, pero ahora podemos minimizarlas", señaló Cuixart.
El resto suele esperar hasta el nacimiento del bebé, pero entonces el
daño causado por la malformación ya es irreversible y suele ser grave.
En la mayoría de casos, los niños necesitan sillas de ruedas o muletas
para desplazarse y una válvula cerebral para evitar la acumulación de
líquido en el cerebro derivada de esta malformación. Otros padecen
problemas para tragar, respirar o adquirir conocimientos debido a la
afectación del sistema neurológico.
El Vall d'Hebron está
capacitado para realizar este tipo de operación a cualquier pareja cuyo
bebé en gestación padezca espina bífida. "Solo deben superar unas
pruebas físicas y cumplir ciertos criterios médicos, pero la técnica
está suficientemente desarrollada", señaló García. "Seguimos sufriendo
por la salud de nuestra hija pero estamos contentos y confiados", señaló
el padre de Esther, Pavel Bota. "Sabíamos que corríamos mucho riesgo
pero teníamos fe y queríamos traer al mundo a nuestra niña".
Tras
la operación, Esther prosiguió con su gestación hasta la semana 32 hasta
que nació el pasado 22 de mayo después de practicarle una cesárea a la
madre. "Llevará una vida prácticamente normal", insistió Garcío. Y podrá
andar.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario